Hace un rato estaba muriendo del hambre y recordé cuando fui a Caracas en diciembre. En una parte full congestionada de la ciudad –sabana grande- venden quesadillas. Hay tanta gente que no puedes ver el suelo y las calles están llenas de tarantines con ropa o dvd piratas o cualquier cosa que se pueda vender. Es casi imposible caminar. Es casi imposible llegarle en carro así que solo quedan camioneticas y el metro. Las partes que aun son transitables siempre se llenan de esas personas que escupen fuego, hacen malabares, tocan guitarras súper viejas y canciones de la prehistoria y esa clase de cosa.
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El punto es que en Sabana Grande queda la panadería 900 –que ha estado ahí desde antes que naciera don Francisco y se inventara gomosito- donde venden las mejores quesadillas del mundo. Mi padre y yo adoramos esas quesadillas principalmente porque son las mejores… de hecho cada vez que alguien va Sabana Grande deben traer quesadillas si no quiere ser asesinado brutalmente.
Como dije, es más fácil llegarle en metro… PERO el metro a partir de las 5 es la cosa más “espantosa” que puede existir en el mundo. Está lleno de gente que regresa del trabajo, todos están sudados, cansados, hartos, gritan, se quejan, empujan, cantan rancheras, chismosean y todas esa clase de cosas. Creo que casi todo el mundo odia ir en un vagón que se asemeja más a una caja de fósforos que a cualquier otra cosa. A mi me gusta… no sé por qué hay algo en eso que hace que me guste montarme en el metro de Caracas a las 6pm a pesar de que de repente estás llegando a otra estación y el vagón está lleno… si entra media persona mas todos nos fusionamos en una gran masa deforme de huesos, gelatina para el cabello y mal olor… pero se abren las puertas y está una mujer relativamente bonita con un ramo de flores que esperaba a que llegara el vagón… y nadie cabe, ella sabe que no cabe y está dispuesta a esperar otro vagón pero los viejos sádicos que están parados frente a la puerta se enderezan, se limpian el sudor y le dicen “vente mi amor que todavía hay espacio” y después de 5 minutos de labia la convencen y tu mueres aplastada entre la otra puerta y la espalda de tu padre.
Creo que era un jueves, como a eso de las 5.30 llega mi padre a la casa y yo le digo que quería ir a comer quesadillas… y él me mira como si le hubiese dicho que estaba embarazada pero más tarde me haría un aborto. Después de que se le paso el susto, pude chantajearlo y hacerlo ir hasta el metro… son solo 7 estaciones desde mi casa hasta Sabana Grande… obvio que el metro estaba totalmente lleno de gente… no-sé-cómo nos subimos a un vagón y como a las 3 estaciones se escucha una voz pidiendo permiso y todo el mundo buscando de donde salía y nadie veía nada hasta que se dan cuenta que era un tipo sin piernas que siempre anda en patineta por ahí. El tipo lanza la patineta, lanza el bolso y luego se lanza él y empieza a gritar:
-LORENZO!!! LORENZO DÓNDE ESTÁS?!!
*se escucha una voz un poco más lejos*
-Quedé en el otro vagón, en la próxima me cambio!
-Por pendejo no joda cualquiera cree que no tienes piernas pajúo
*se escuchan risas*
Llega la otra estación y se escucha a Lorenzo pidiendo permiso hasta que se ve en la puerta un señor que tampoco tenía piernas pero andaba en una silla de ruedas y saluda al señor que estaba en la patineta y este le dice: “es que tienes que pedir permiso Lorenzo, cuantas veces te lo he dicho tu lo que no tienes son piernas, no lengua” y los dos se empiezan a reír. Se abre la puerta en la siguiente estación y un montón de gente esperando para entrar pero el tipo de la patineta les dice “AQUÍ NO ENTRA NADIE!! Y al que entrele caigo a patadas nojoda!” y yo no sé qué hago hablando de eso… creo que estoy demasiado nostálgica y extraño hasta ver a ese tipo en el metro.